Amor y Odio
Según las definiciones psicoanalíticas, amor y odio es un par antitético indisoluble que se nutre de la pulsión, la que mueve toda dinámica pasional. El odio antecede lógicamente al amor. El amor intenta atenuar ese núcleo “ígneo” que es el odio como expresión de la pulsión en su estado “puro”. Las producciones que evidencian amor y odio son los síntomas, transferencias, sueños, y actos en general, que incluyen proezas y crímenes; todas requieren del soporte del deseo inconsciente y la Ley. |
Amor y Odio
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En definitiva, amor y odio es un continuo consonante con otro par que es Eros y Tánatos. Ambas asociaciones son indisolubles porque se modulan entre sí, nutridos por un único término que emana de un cuerpo sexuado que busca satisfacer sus impulsos. Cuanto más directa e irrestricta sea esa satisfacción, más cerca estaremos del odio. El amor requiere postergación y renuncias a la tentación que cada cultura marca como incestuosa. Con cierto riesgo, afirmaría que toda expresión de odio extremo es parricida e incestuosa, y allí donde amor y odio, Eros y Tanatos se nutren y se complementan.
En esta relación tan antagónica como funcional que se da entre amor y odio, es preciso sentar una diferencia esencial que es no confundir agresividad con odio, ya que ésta es fruto de la frustración narcisista. El odio, en cambio, está ligado a Tánatos. Del mismo modo el “bienestar” del completamiento imaginario en el enamoramiento no es un amor logrado, porque se origina en la ilusión de unión sin diferencia tal como lo reclama el narcisismo. Así, rechazándose y aceptándose desde la raíz es que se funda la unión amor y odio.
En el aparato psíquico del hombre conviven la pulsión de vida y la pulsión de muerte
(Eros y Tánatos), amor y odio. Mientras uno tiende a unir, a hacer unidades cada vez mayores, el otro, tiende a deshacer esas unidades estableciendo una relación necesaria.
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